
Abre los ojos a la vida que te contempla, desde el interior de ti mismo, como lo hace un niño pequeño, una flor, un pajarillo, con humildad, deseos de saber, evitando la divagación y la fantasía mental.
Sólo...¡ábrete!, ¡contempla!...
Percibe, siente, observa, escucha..., en profundo silencio, todo aquello que el Amado sin nombre tiene para decirte, y entonces, sabrás sin palabras ni forzado razonamiento, lo grande y maravilloso que tú Eres...
1 comentarios:
su libro ayudo mucho a una comunidad de oración francesa. se lo agradecemon Luc y Zagon-
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