En las frías tardes de invierno, el carmelita descalzo y su discípulo caminaban por ese paseo largo que conduce a la puerta de salida del monasterio; los temas eran siempre los mismos: la oración mental como medio de transformación interior.- No se ha de pensar tanto en las cosas; más bien realizarse en el amor al prójimo.Mire usted, para contemplar desde el silencio, ha de buscar un sitio adecuado donde permita que la quietud penetre su cuerpo y su mente.
-¡Sabe!...- añadió-,si puede interrelacionarse con la acción cotidiana desde su corazón, será como nuestros "padres" (Juan de la Cruz y Teresa de Avila) que encontraron con la sencillez del corazón y en la aplicación de la oración, un modo de realizarse como personas y como religiosos.
No analice demasiado todo el conjunto de su vida actual. Olvide aquellas cosas que poco importan, tome ejemplo de aquellas personas, buenas, nobles, honorables, que nos precedieron y de alguna manera nos redimieron."Escuchar al carmelita descalzo era un completo ejercicio de introspección y de oración mental.
3 comentarios:
Buena enseñanza, gracias. Nosotros oímos hablar del carmelita descacalzo y nos hubiera gustado conocerle. Gracias por hablarnos de él. Un abrazo del GRUPO OREMOS.
Me llaman la atención las últimas líneas de esta propuesta, porque siempre he procurado no olvidar las enseñanzas de los maestros que ha tenido la Humanidad, que para mí siguen viviendo,con seguridad, en todas esas personas anónimas no
sólo religiosas, que conviven con nosotros y nos muestran a diario con su bondad y amor nuestra verdadera naturaleza.
Con esas dos cualidades, el conocimiento verdadero de la existencia, del que tanto hemos hablado ya, siento que no nos tardará en llegar.
Por eso, cuando me dejo tentar por el egoísmo, enseguida advierto que me he salido de la verdadera senda, y reconociendo esto, procuro abandonar enseguida los atajos que inevitablemente me asoman a los abismos, sin retorno, en esta vida.
Nuestro corazón verdadero, ese que dicen que se halla un poco más a la derecha de nuestro órgano físico, nunca nos engaña: yo no lo entiendo como conciencia sino como el espejo infalible que nos recuerda, siempre que andamos perdidos, que podemos optar por seguir amando esa imagen que vemos reflejada de nosotros mismos, en su peor versión o evolución, o amando a esos seres maravillosos mencionados, al vernos reflejados en ellos.
La decisión es solamente nuestra.
Ángel
He oído hablar del carmelitacosas muy buenas y elevadas Me alegra que escribáis sobre este venerable señor.
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